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Colegio Profesional de Ingenieros en Informática de Castilla y León

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La fiebre del oro

Pablo Santos Luaces

A mí me encantaban aquellas pelis de aventureros que se iban al Oeste en busca de fortuna y acababan filtrando agua de los ríos en busca de pepitas de oro hasta encontrar el filón que cambiaba su suerte. Cierto es que tras hacerse ricos muchas veces caían en manos de desalmados bandidos pera esa es ya otra historia.

Ese espíritu de aventura, de sueños imposibles cumplidos y de “todo es posible” sigue muy presente, en mi opinión, en la industria del software. Y esa impresión se refuerza cada vez que tengo la oportunidad de volver a San Francisco.

El miércoles 13 asistí por casualidad a una informal charla del alcalde de la ciudad en el Runway Building, el mismo bloque en el que está Twitter y que aloja una incubadora de proyectos típica de San Francisco, con decenas de empresas tecnológicas en un espacio abierto. Todos buscando su filón.

Pablo Santos Luaces

A mí me encantaban aquellas pelis de aventureros que se iban al Oeste en busca de fortuna y acababan filtrando agua de los ríos en busca de pepitas de oro hasta encontrar el filón que cambiaba su suerte. Cierto es que tras hacerse ricos muchas veces caían en manos de desalmados bandidos pera esa es ya otra historia.

Ese espíritu de aventura, de sueños imposibles cumplidos y de “todo es posible” sigue muy presente, en mi opinión, en la industria del software. Y esa impresión se refuerza cada vez que tengo la oportunidad de volver a San Francisco.

El miércoles 13 asistí por casualidad a una informal charla del alcalde de la ciudad en el Runway Building, el mismo bloque en el que está Twitter y que aloja una incubadora de proyectos típica de San Francisco, con decenas de empresas tecnológicas en un espacio abierto. Todos buscando su filón.

Estaba allí porque al día siguiente, en el mismo sitio (pero sin tanta expectación) tenía que hacer una demo del último producto de nuestra empresa.

El “major” de la ciudad habló de los 40mil “IT workers” que había en la ciudad (espero que no se me bailen las cifras), de la importancia de los “high tech jobs” para impulsar la metrópoli, de cómo se rehabilitaban zonas deprimidas y de por qué San Francisco, con mucha imparcialidad, era la mejor ciudad del mundo.

Caminando a través del amplio pasillo del Runway veía estanterías llenas de quadcopters “top secret”, empresas de posicionamiento web, montones de Apples y un vibrante ambiente de desarrollo de software.

La sensación de fiebre del oro no disminuye cuando hablas con los Españoles desplazados a San Francisco o al Silicon Valley en busca de un sueño común. “Este es el sitio en el que hay que estar” te repiten, “aquí te enteras antes que nadie de lo que va a ocurrir”, “para vender software en el mundo tienes que estar aquí”.

No son pocas las empresas españolas y también emprendedores que se trasladan a la zona con el fin de potenciar sus proyectos o de obtener inversión.

El jueves 14 en Palo Alto, en la sede de HP, pude encontrarme con más “españoles en Silicon Valley” en un evento de Spain Tech Week cuya dudosa eficacia no voy a valorar y al que también acudieron los príncipes de Asturias y el ministro Margallo.

El discurso institucional insistió en una lectura quizá demasiado inflada de la realidad tecnológica española pero también hubo oportunidad de escuchar a distintos directivos de empresas importantes del Valley, a empresarios consolidados, a emprendedores con sus empresas recién vendidas a gigantes como Intel y a jóvenes buscadores de oro en busca de su primer millón de dólares de “venture capital”.

Durante la socialización posterior tras los escasos 15 minutos que tardaron los súper stars en irse, pude hablar directamente con varios de los empresarios tecnológicos establecidos, recién llegados y de paso por el Valley. Las “pepitas de oro” ahora son inversión, talento (especialmente de marketing, parece que buenos ingenieros ya tenemos suficientes en España y que no hace falta pagar aquí los $100k que te vale un recién titulado), contactos, mercado…

Los inversores de la zona también parece que inflaman (con dinero) la fiebre del oro del software. Son diferentes a los que yo he podido conocer en España (mi empresa obtuvo financiación tanto de ‘business angel’ como de ‘venture capital’ hace tiempo), mucho más ambiciosos, interesados sólo en software capaz de ser usado de forma masiva por decenas de miles de usuarios (centenares de miles mucho mejor :P) que parece ser la auténtica veta de oro que se persigue en el Valle del Silicio (o de la Silicona como he escuchado doblar en alguna película ochentera).

Así que es casi imposible contar la cantidad de jóvenes ingenieros, locales y de cualquier parte del mundo, que buscan uno o dos millones de dólares para poner en marcha su idea dejándose la piel trabajando día y noche persiguiendo cada uno su particular sueño que no deja de ser el mismo con matices: encontrar oro digital.

El lunes 11 visité al vicepresidente de ingeniería de NewRelic, una “súper cool startup” que para los caza-primer-millón es la materialización de sus sueños más locos: $178 millones de inversión en venture capital, unas oficinas espectaculares con vistas al Bay Bridge, una zona de esparcimiento en el que cabría tres veces mi oficina, guitarras, ping pong, bar… y un software de monitorización de sitios web usado por decenas de miles de usuarios entre los que se encuentran gigantes como Oracle, SalesForce o Facebook.

Ingenieros de estas tres empresas y muchas más acudían esta semana a la QCon, el motivo principal de mi vista a San Francisco. Con algunos de ellos también pude conversar la noche del martes. Alta movilidad entre las empresas punteras, todos siempre a la última en cuanto a lenguajes de programación y toolkits y frameworks y editores “hipster” y más y más temperatura para la fiebre que inflama de uno u otro modo a todos los techies de la zona y nos hace soñar en el resto del mundo.

Bienvenidos a la fiebre del oro que no termina.

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